El deporte y las ciudades

Después de un parón no voluntario en el blog, me decido a reemprenderlo… y por fin con un tema que para mí resulta muy interesante, sobre todo después de mis últimos años en el Basquet…

Y es que cada vez encuentro más relaciones entre ciudades y deporte… Y me refiero a las ciudades desde su punto de vista global, en lo que se refiere a sociedad y economía, y la influencia directa que tienen en el deporte de élite. De hecho existen sinergias entre una ciudad y su deporte de élite y viceversa.

Siempre se ha pensado que el deporte es un gran vehículo comunicador, por los valores que representa y transmite. Desde las administraciones (gobiernos autonómicos, diputaciones y ayuntamientos) se ve como una ocasión de dar a conocer la ciudad en toda España o incluso a nivel intenacional. En Lleida, me dijeron que una persona preguntó a un conocido suyo qué cosas conocía de Lleida. Éste le respondió: los caracoles, Baqueira Beret y el Caprabo Lleida. Y es que para algunas ciudades el deporte puede ser el motor del turismo. Mucha gente hace desplazamientos con los equipos, para verles competir en casa del rival, y es la excusa perfecta para visitar una nueva ciudad y pasar un fin de semana. Hoteles, restaurantes, museos, tiendas y otros sectores de activdad se ven beneficiados…

Para las empresas de grandes patrocinios es una ocasión para darse a conocer en un mercado específico. Esa fue la misión de Caprabo los años que estuvo patrocinando a Lleida, o los que Akasvayu patrocinó a Girona. Otros casos son distintos… Como en Vitoria, que todo el mundo lo conoce por Tau, y no por Saski Baskonia; o en Valencia, que Pamesa significa Valencia. En estos casos, se trata de dos empresas con una implicación ejemplar con el territorio donde están, y tratan de revertir a sus habitantes la actividad que éstos le aportan.

Pero hoy quería hablar sobre la capacidad que puede tener una ciudad de sostener a sus equipos en la élite del deporte. Me refiero a las diferentes disciplinas deportivas que se pueden practicar.

A modo de ejemplo, este año ha descendido a Segunda División el Real Zaragoza, después de muchísimos años en Primera y haber ganado una Recopa de Europa. Paradójicamente, el CAI Zaragoza ha conseguido el ansiado ascenso a la Liga ACB, después de más de 15 años tratando de lograrlo y con presupuestos muy fuertes para la categoría.

Otro caso similar ocurre en San Sebastián, donde la Real Sociedad no ha logrado subir a Primera División, y sí en cambio el Bruesa GBC. Por cierto, la Real ha iniciado consurso voluntario de acreedores. Hay que recordar que el año pasado los dos equipos perdieron la máxima categoría: Primera División en fútbol y Liga ACB en baloncesto.

Hay que remontarse un poco más, a la temporada 2004-2005, para recordar que en un solo año descendieron los tres equipos que hay en Lleida: la U.E. Lleida de Segunda A a Segunda B, el Plus Pujol Lleida, de Liga ACB a Liga LEB, y el Llista Blava de OK Liga a Primera Nacional. Actualmente, solo el Llista Blava ha logrado recuperar la categoría. Para la ciudad fue un duro revés, pero el deporte de élite hay que pagarlo, es decir, requiere del compromiso de la sociedad y de las empresas, que apoyen los presupuestos para poder hacer proyectos sólidos y sostenibles.

Actualmente, el sector del deporte se fundamenta, económicamente, sobre dos pilares muy importantes: las instituciones públicas y el primer esponsor. Muchos clubes ven cubiertos sus presupuestos con las aportaciones de las administraciones y del primer esponsor, pero en Catalunya la cosa es distinta. La Generalitat de Catalunya apoya el deporte, pero lo hace desde la base, y los clubes profesionales no reciben ni ayudas ni subvenciones. Las instituciones locales hacen lo que pueden para ayudar a los clubes, pero se quedan muy lejos que lo que sucede en otros sitios como las Islas Canarias, Melilla o Zaragoza, por nombrar algunos casos. Además, las cajas locales muchas veces son el primer esponsor: CAI, Cajasol (antes Caja San Fernando), Unicaja, Caja Canarias, Caixa Galicia, Kutxa… y además de la aportación económica, facilitan determinadas operaciones para dar un respiro al club. Sólo en la LEB, 10 de los 18 clubes tenían un ente público como primer esponsor, y uno más una caja local, lo que supondría más de un 60%. El resto de primeros esponsor son dos empresas constructoras (San Sebastián y Santiago de Compostela), un concesionario de coches (Brugos), una empresa láctea (Lugo), una compañía de aguas (Gandía) y el caso más especial en Lleida, donde un supermercado y una empresa de prefabricados de hormigón comparten el primer esponsro. Dos de los clubes de la LEB, el CB Alcudia y el Lobos Cantabria han tenido que renunciar a la categoría por la falta de apoyo público y privado.

En definitiva, y tal y como están las cosas, es evidente que se debe hacer un replanteamiento en el modelo de negocio del deporte, dado que resulta insostenible continuar por esta vía.

En próximos posts trataré de dar algunas claves que a mi modo de ver influyen en estas situaciones, y que creo que son todo un campo de estudio.

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