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El Manchester City y el futuro del fútbol

Está teniendo mucho revuelo la compra del Manchester City por parte de la familia real de Adu Dhabi, la más próspera de los Emiratos Árabes. El total de la operación asciende a 248 millones de euros. Y es que esta compra no podría ser la única. Ya se conocen más casos en los que una familia o un grupo de empresarios de economías árabes se hace con la propiedad de un club deportivo.

Pero lo que quieren hacer con el Manchester City puede convertirse en algo que se extienda más allá. Y el mayor ejemplo ha sido la compra de Robinho al Real Madrid por 42 millones de euros en un abrir y cerrar de ojos. ¿Se puede dar mayor imagen de cambio y revolución? No me refiero a lo estrictamente deportivo, sino a la facilidad que han tenido de obtener esa suma para realizar el fichaje. Según dice Sport hoy, quieren seguir el modelo de negocio que a Virgin le dio el éxito en su día a Richard Branson.

John Carlin, desde Londres, y para El País, advierte de algunas consideraciones a tener en cuenta:

Money can’t buy me love“, “el dinero no me puede comprar amor”, cantaban los ídolos del joven Gallagher, los Beatles. Pero sí puede comprar el éxito en los terrenos de fútbol, lo cual quizá tenga más valor que el amor para buena parte de la sufrida, envidiosa e históricamente resentida afición del City. La prueba más irrefutable de la relación causa-efecto entre el dinero y los trofeos lo da el Chelsea, que de la nada se ha convertido, tras la llegada de su Papá Noel ruso en 2003, en una de las potencias del fútbol europeo. […]

El objetivo era convertir al City en un club “más grande que el Real Madrid y el Manchester United”, dijo Sulaiman, portavoz de los nuevos propietarios. […]

El impacto de la adquisición del City por Mansour sacudirá los pilares del fútbol europeo. Principalmente, por dos motivos: la consolidación de la tendencia que se ha visto hace dos años hacia una creciente hegemonía de la Liga inglesa en Europa y la total distorsión económica del mercado. Ya nadie tiene ni idea de lo que puede llegar a valer un jugador. Y lo más temible del caso es que los dueños del City claramente no ven ninguna necesidad, por ahora al menos, de buscar un equilibrio entres ingresos y gastos. […]

La experiencia demuestra que, a la larga, los equipos con más dinero son los que se imponen. No es ninguna casualidad que el United y el Chelsea hayan sido los clubes más exitosos de Inglaterra o que el Real Madrid y el Barcelona lo sean en España. A lo que más aspiran los seguidores de un club como el City es a unirse a esta aristocracia. Perder el alma con tal de lograr la gloria terrenal es un pacto faustino que la gran mayoría de los auténticos fans, una especie primitiva y tribal, estarían dispuestos gustosamente a aceptar.

Si a los aficionados del Betis, el segundo club de la tercera ciudad española -como lo ha sido el Manchester City en Inglaterra-, les ofreciera un jeque árabe la opción de fichar a Cristiano y a Messi, de dejar al Sevilla, al Madrid y al Barcelona en la sombra y pretender seriamente a ganar la Copa de Europa, tal es la naturaleza humana -o, al menos, la naturaleza del aficionado de fútbol- que muy pocos dirían “muchas gracias, pero no”.

Y es que después de esta operación se abren muchas dudas en el mundo del deporte. ¿Es todo el dinero? ¿No podemos generar un modelo de negocio sostenible que dé continuidad a los clubes? ¿Tienen que venir personas de fuera y hacer clubes a golpe de talonario? ¿Cómo se están financiando todas estas operaciones? ¿Qué vínculos se quieren establecer con las ciudades y los aficionados? ¿Van a ser estas compras trampolines hacía otros negocios?

Todos pensábamos que los precios de traspaso y los sueldos de los deportistas estaban alacanzando sus máximos históricos, y que con la actual crisis se verían reducidos los patrocinios, y por consiguiente los emolumentos de los deportistas. Pero la llegada de capital extranjero sin medida volverá de relanzar las subidas exponenciales de traspasos y sueldos… La pregunta es: ¿hasta cuándo? ¿Y luego qué?

El pobre Mark Hughes, hasta ahora manager del club les dijo a sus nuevos jefes (“o jeques”): “la cantera ha dado muchos frutos. Si hay más dinero, dará mejores jugadores”, pero en su plan de negocio no se habla de nada de eso y sí se hace de marcas de coches, tarjetas de crédito, productos alimenticios… que llevarán el nombre del City.

P.D.: Acabo de tropezar con una entrevista que le hacen a Augusto César Lendoiro, Presidente del Deportivo de la Coruña, el pasado 24 de agosto de 2008, para El Mundo, y sólo quiero copiar la parte final:

Lendoiro lamenta el poco apoyo que recibe de las instituciones. «Es una pena que no se den cuenta de lo que representa el fútbol para las ciudades y la gente. Millones de españoles salieron a la calle a celebrar la Eurocopa a pesar de que ninguno había ganado un céntimo».

Tras haber sido senador y diputado, subraya haber escuchado durante años a «muchos políticos hablar de escindir a sus comunidades de España, pero jamás que quieran abandonar la Liga española». Aún así cree que «el comportamiento en los palcos es mucho más educado que en el Congreso».

Lendoiro piensa que «el futuro del fútbol español camina de forma inexorable hacia la entrada de grupos inversores extranjeros. En Inglaterra ya es muy difícil adquirir un club y el segundo mercado con mayor interés es el español».

El presidente reconoce contactos con inversores de Arabia Saudí y con hijos de emigrantes gallegos en Venezuela próximos a Chávez. De hecho no descarta que las inversiones de estos grupos incluyan los fichajes de presidentes. ¿Cuánto valdría Lendoiro? «Sería una tasación complicada», responde. Único en su especie, habla de millones como de percebes, con 20 años en la cresta de la ola. Su rostro permanece imperturbable ante las aguas embravecidas del fútbol, poco temibles para alguien criado entre los cadáveres de un mar que los gallegos bautizaron como Costa de la Muerte.

Aunque la compra-venta del City es posterior a estas palabras, ¿qué vamos a hacer con nuestro deporte? ¿Qué le diremos al grupo árabe que venga con sus millones de euros y quiera comprar el Valencia, por ejemplo?

El Depor, Repsol y el Athletic

Acabo de ver que he recibido una visita de alguien que buscaba “el sponsor del depor sera caixa galicia” (sic) y me lanzo de lleno a buscar la noticia en la web del Depor

Y me encuentro con este artículo, que firmaba José Manuel Ponte para La Opinión A Coruña el pasado 19 de agosto de 2008.

El Patrocinio de Repsol

Un contertulio del café, que además de aficionado al fútbol gusta de anotar todo aquello que le parece curioso, me manifiesta su enfado por el hecho de que la empresa petrolera Repsol haya firmado un contrato de patrocinio publicitario con el Athletic de Bilbao. Dado que el equipo vasco se había negado desde su fundación a poner anuncios sobre su camiseta, creí que la causa de su enojo tenía algo que ver con la quiebra de una gloriosa tradición. Intenté convencerle de que el idealismo en el deporte profesional es cosa del pasado y le puse como ejemplo al movimiento olímpico, que estaba al borde de la quiebra hasta que el señor Samaranch entregó la llave del negocio a las empresas multinacionales. No satisfecho con la contundencia de ese primer argumento, le hice un elogio de la admirable trayectoria de ese equipo que, además de acreditar un impresionante número de títulos en el pasado, tiene el mérito enorme de haberse mantenido siempre en Primera División pese a la limitación de no contar en su plantilla más que con jugadores vascos. Y ya iba lanzado recitando los nombres de los legendarios jugadores que habían vestido la gloriosa casaca roja y blanca desde Zarra, Panizo y Gaínza hasta los más cercanos Carmelo, Garay, Iríbar, Mauri y Maguregui, cuando me frenó en seco.
“No iba yo por ahí -dijo muy serio-. Me refiero al hecho lamentable, de que una empresa petrolera de carácter nacional escoja patrocinar a un equipo determinado y se olvide de otros con los que quizás tiene los mismos y aún mayores compromisos morales o deudas de gratitud”.
“Son las leyes del mercado”, le repliqué con la clásica monserga capitalista.
“Parece mentira que digas eso
-sonrió con suficiencia-. Todos sabemos que Repsol tiene instalaciones cerca de Bilbao y que Josu Jon Imaz, ex presidente del PNV y seguidor del Athletic, es ahora consejero delegado de la petrolera. Pero todos sabemos también que Repsol tiene una refinería en
A Coruña que da mal olor, que ocupa amplio espacio en el puerto de esa ciudad y que el Estado le está construyendo otro puerto a su conveniencia en Arteixo. Además, la presencia de Repsol ha coadyuvado a provocar varias catástrofes ecológicas al naufragar algunos de los petroleros que la servían. A todo esto, el equipo local está sin patrocinador. ¿Me quieres decir cuáles son las razones para que Repsol prefiera ayudar al Athletic de Bilbao y se olvide por completo del Deportivo? Es como si Citroën, que está instalada en Vigo, patrocinase al Valencia en vez de al Celta. O que Reganosa, en vez de intentar hacerse la simpática en Ferrol patrocinando al Racing, le diese anuncios al Cádiz”.
Quedé apabullado. Las discusiones de fútbol en el café se complican cada vez más. Ya no vale con ver los partidos, leer la prensa y opinar. Además de eso hay que saber de política y de economía. Un rollo.

Esta opinión, que alguno destaca que no es del todo exacta (en cuanto al patrocinador, que resulta ser Petronor, flial de Repsol, como destaca Andrés Rodríguez) encaja con algún post mío en el que hablaba de la estrecha vinculación que existe entre las ciudades y el deporte. En concreto, me parece muy importante que las empresas que se benefician de las infraestructuras y personas de una determinada población, colaboren con entidades sociales y de promoción de la ciudad, como puede ser un club deportivo.